La calle empedrada estaba iluminada únicamente por una única farola. Una casa pintada con colores chillones resaltaba entre el resto. Dentro, música de salsa y merengue brotaba por las ventanas. Afuera, en la calle, un Lexus se detenía enfrente y de él bajaban dos jóvenes, un hombre y una mujer.
Los primeros en caer fueron Felipe y Agustina. Él, con una sonrisa confiada y dos botellas en una bolsa de nylon; ella con un top ajustado y cara pícara, como quien sabe que va a divertirse. Apenas entraron, Yolanda les dio un abrazo apretado, perfume dulce y carcajada incluida.
— ¡Al fin llegan, hijueputas! — Rió la centroamericana, hundiendo a ambos entre la maraña negra de su pelo.
La morocha estaba vestida muy “de entrecasa”, con un body que dejaba muy poco a la imaginación. Detrás de ella, como siempre, la barra repleta de todo el alcohol que un pendejo fiestero podría pedir.
Con un movimiento rápido sacó un vaso de abajo de la barra, logrando que los rulos cubrieran esas tetas que estaban por escaparse. Mirando a Agustina con una sonrisa cómplice, se giró para buscar el hielo.
— ¿Cuba Libre?
— Como siempre, ya me conocés negrita — Respondió Agus apoyándose en la barra, mientras
Felipe ponía sus botellas en el freezer
Agus estaba sorprendentemente rescatada para su estilo usual. Incluso usaba corpiño, algo raro en
ella, haciéndola ver como una chica madura y seria.
— ¿la adulta responsable va a emborracharse? — Bromeó Yolanda pasándole a Agustina su trago
— Vos también, para eso vinimos — Le respondió Agus pícaramente, inclinándose sobre la barra
para susurrarle algo sin que Felipe se entere.
Pocos minutos después, un Mustang casi recién salido de la agencia se estacionó a la media cuadra.
De él descendieron dos mujeres diferentes, pero igual de producidas. Se miraban y caminaban como si compitiesen por ver quién se veía más sensual.
Ambas con estilos diferentes, resaltando sus atributos, pero al mismo tiempo tan iguales que era imposible negar que eran madre e hija. Flor se sentía mucho más cómoda, dominaba la situación, mientras que su madre sabía que iba a tener que esforzarse para llamar la atención en una fiesta donde predominaban los jóvenes.
Casi al mismo tiempo, entraron las primas Juliana y Candela Mansilla, que habían llegado juntas caminando.
Juli estaba impecable, con un vestido sutil y delicado que no revelaba mucho. Se sentía nerviosa y tensa, aunque muy ilusionada y ansiosa.
Cande, en cambio, estaba despampanante en comparación con su estilo habitual, con un vestido con un escote inesperado. Para la mayoría, era la primera vez que se daban cuenta de las hermosas tetas que Cande tenía.
Poco después, cuando los demás empezaban a ponerse cómodos, el sonido de una moto inundó la casa opacando el ruido de la música. Era Milagros, claramente, que había llegado en su Zanella y se disponía a estacionar dentro de la casa de Yolanda.
Mili tenía, como siempre, el armario entero puesto encima. Cadenas, metales, botas, pollera. En la mochila, un par de botellas del vodka más barato y nocivo que pudo conseguir, acompañadas de una caja de jugo caribeño que juraba ser de multifruta, pero tenía más sabor a culo que a fruta.
Apenas llegó, dejó sus bebidas en la barra y se sentó con los demás, esperando ansiosamente que la joda se pique.
Dardo llegó al rato, bordó de la vergüenza. Tenía planificada esa noche hace meses, pero su entrometida hermana Kiara no pudo evitar arruinarle la fiesta. Sin darle opción a consultar, anunció que se había inscripto como adulta responsable para el UPD y, por lo tanto, iría a la previa.
— Ey, relajate ¿si? — Insistió Kiara, tratando de tranquilizar a Dardo
— Andate si querés que me relaje. No tendrías que estar acá — Murmuró Dardo
— No me voy a ir, ya me anoté. Voy a quedarme con Vanina, no te preocupes
— Justamente Vani venía para estar con nosotros…
— Bueno, ahora me va a hacer compañía a mi mientras los cuidamos a ustedes, ¿si?
Vanina, la novia de Dardo, también estaba presente, incómoda pero no disgustada. Trataba de controlarse y no hacer chistes desubicados en presencia de su cuñada, pero sabía que en algún momento se le iba a escapar algo.
— Kiaru, ¿te parece si… vamos a comprar hielo?
— ¡Tengo en el baúl! — Respondió Kiara, siempre 3 pasos adelante de las excusas de los demás.
El resto del grupito llegó todo junto, en la BMW X6 de la mamá de Manu. Ella le había jurado y rejurado que no iba a tomar, que le prestara la camioneta y que la iba a devolver intacta antes de ir a clase. Sin embargo, claramente iba a beber esa noche. Solo se tenía fe como conductora.
Manu se había decorado un top para la ocasión, al igual que su short. Pese a las acertadas quejas de su novio Tomás, que sentía que podía verse demasiado trola, la prenda con más tela en su cuerpo
eran las botas.
Agos, en cambio, tenía un vestido discreto similar al de Juli. Sin embargo, a diferencia de su amiga
nerd, el escote pronunciado de la chica nueva era mucho más riesgoso. Como si quisiera verse como
una princesa, pero no pudiera evitar ser zorra.
— Dale Agus, la puta madre! — Protestó Morena bajando del auto.
La morocha estaba absolutamente despampanante, vestida como si fuera a una entrega de premios en lugar del UPD. Su novio Agustín, en cambio, fue sencillamente vestido con un jean y una remera. No le hacía falta más que su sonrisa para verse fachero.
Lucas y su melliza Lola también venían en esa camioneta. Pese a las protestas de la pelirroja, había recorrido todo el trayecto sentada en las piernas de su hermano. Apenas bajaron del vehículo, Lola se acomodó la pollera y suspiró
— Te felicito, pensé que ibas a acabar solo por tener una mina sentada en las piernas — Bromeó la gemela malvada
— Ey, sobreviví. Tu culo gigante casi me asfixia — Le retrucó Lucas, girándose para proceder a ignorarla por el resto de la noche como ella le había pedido.
Nacho también llegó, solo. Sus papás no lo llevaron, su novia no iba a acompañarlo, solamente cayó con su mochila y ganas de pasar una buena noche. La noche podía iniciar, ya todo el grupo estaba listo para la previa. El living ya era un quilombo: mochilas tiradas por todos lados, botellas abiertas sobre la mesa y platos con comida que iban desapareciendo entre risas y manotazos. Yolanda traía bandejas desde la cocina: empanaditas de carne muy condimentadas, una olla con arroz picante con verduras, y hasta unas alitas de pollo bañadas en salsa roja que dejaban los dedos pegajosos. Nadie se sentaba a cenar: iban agarrando lo que podían, entre trago y trago. Felipe se instaló en la cabecera de la mesa como si fuera su trono personal. Con una mano servía vodka en vasos de plástico, con la otra sostenía una alita chorreando salsa. — Loco, este UPD tiene que ser histórico. El año que viene nos separamos y después quién sabe. Hay que romperla hoy —dijo, con la boca llena, mientras Agustina le limpiaba la comisura con una servilleta, como si fueran marido y mujer. En el sillón, Flor se movía sentada sensualmente con un vaso en alto, moviendo los hombros. — Che, estas alitas pican como la concha de la lora, ¿quién fue el genio? — Yo, obvio — respondió Yolanda desde la cocina, riéndose —. Para que beban más, así se ponen divertidos. Mili, con un plato en la mano, bufaba: — ¿Esto qué es? ¿arroz con fuego? — y a los segundos ya estaba pidiendo otro vaso de birra para bajarlo. Agos, en cambio, estaba fascinada: — Está buenísimo, es como… exótico — decía, tratando de sonar sofisticada, aunque todos se le cagaban de risa. En una esquina, Dardo intentaba comer en paz, pero Vanina lo tenía agarrado de la pierna y le daba tragos a su vaso cada vez que él se distraía. Encima, Kiara estaba al otro lado del sillón, estirando las piernas y cruzando miradas con medio grupo. Dardo no sabía si masticar, tomar o directamente rezar. More le servía un plato a Agus, aunque él ya estaba más pendiente de las carcajadas de Flor que de la comida. Cada vez que la miraba, More lo apretaba más fuerte de la cintura. — Comé, dale, que mañana quiero verte vivo en el acto — le dijo, medio en chiste, medio en serio. Lucas estaba sentado en el piso, con dos empanaditas en la mano y los ojos rebotando de un lado a otro. No comía: observaba. Se le escapó murmurando un: — Che, qué buenas piernas que tiene tu hermana, Dardo Lola bajó la vista de su celular un segundo, lo pateó en la espalda y le dijo: — Sos un pelotudo, Lucas. Manuela había logrado que Tomi probara un poco del arroz picante. Él masticó despacio, tragó, y levantó el pulgar. Ella sonrió satisfecha, como si hubiera ganado una pequeña batalla personal. El ambiente era puro desorden: comida picante, vasos que se llenaban y vaciaban sin pausa, música mezclada entre reggaetón y bachata, y un grupo de adolescentes que ya estaba lo suficientemente suelto como para que alguien tirara la primera bomba de la noche. Florencia se levantó del sillón con un vaso en la mano y un brillo peligroso en los ojos. — Bueno, ya comimos, ya escabiamos… ¿qué falta? — hizo una pausa dramática y gritó — ¡Verdad o reto, putitos! Un coro de risas llenó el living. Algunos protestaron, otros aplaudieron. Juli se puso roja en el acto. —¿Es en serio? —murmuró, escondiéndose detrás de su vaso. —Obvio, bebé —contestó Flor—. O jugás o te vas a dormir con las monjas. Agarró una baraja improvisada de cartas que había armado con papeles de colores (porque claramente había venido preparada). —Yo arranco, así les muestro cómo se hace. Le tocó “Verdad”. Se leyó a sí misma y sonrió. —“¿Quién tiene las mejores tetas del curso, y quién de las profes?” — miró alrededor, disfrutando del silencio incómodo — Fácil, de las profes… mmm… la Rinaldi, la de matemática. Esa se levanta la blusa y se paraliza media escuela. Y de las chicas soy yo, obvio… Pero si no puedo elegirme a mí misma elijo esas terribles bochas operadas de Mili El grupo estalló entre gritos y risas. Milagros se tapó el escote con los brazos. — ¡Callate, boluda! — Te lo digo como un halago, eh —le contestó Flor, con sonrisa de diablita. La ronda siguió. Felipe agarró carta y leyó: — “A quién de la mesa te cogerías”. Todos lo miraron con expectativa. Felipe sonrió y levantó el vaso hacia Agustina, guiñando el ojo. — Todas son hermosas, pero… Agus, obvio. Un escándalo de carcajadas, insultos y gritos inundó el living. Agustina se rió como si lo esperara. — Estás re enfermo, Feli. Igual sabés que no te va a pasar nunca. Después le tocó a Juli, que temblaba al sacar la carta. Le salió “Verdad”: —“Si mañana te despertaras siendo 100% lesbiana, ¿con quién tendrías tu primer experiencia?” Juli tragó saliva y miró a su alrededor. —Eh… creo que con… con Manuela. Todos chiflaron. Male se rió, medio incómoda, medio orgullosa. —Qué halago, Ju, gracias. A Lucas le tocó “Reto”: —“Pasale la lengua por el cuello a tu compañero de la derecha”. Se giró. A su derecha estaba nada menos que Felipe. —No, ni en pedo. —Las reglas son las reglas —gritó Valen. Entre risas y empujones, Lucas terminó dándole una pasada rápida de lengua por el cuello a Felipe, que pegó un salto como si lo hubieran electrocutado. —¡Qué asco, chabón! —gritó. Pero todos estaban doblados de la risa. Vanina se levantó y sacó su carta: “Reto”. —“Que la más culona de la mesa se saque la tanga y la ponga sobre la mesa.” Ella sonrió, se levantó sin vergüenza, metió la mano bajo el pantalón, tiró con fuerza hasta romper su tanga y la dejó caer sobre la mesa: una tanga negra minúscula, casi invisible. Todos se quedaron en silencio un segundo sin poder creer del todo lo que había pasado, hasta que Flor aplaudió y gritó: —¡ÍDOLA! ¡TE AMO! More, cuando le tocó, eligió “Verdad”: —“¿Quién crees que es la peor besando? Y la mejor?” Miró la mesa y sonrió, analítica como siempre: — El peor, seguro Lucas. Y la mejor… — hizo una pausa y le clavó la mirada a Agustina — seguro sos vos. Agus sonrió como una reina y levantó su vaso. —Obvio, nena. El juego estaba tan prendido que Yolanda apagó la música un segundo para que se escucharan bien las preguntas. —Yo también juego, ¿eh? —dijo, sirviéndose un vaso de ron—. No me van a dejar fuera de la diversión. Todos gritaron que sí, y la ronda siguió. La siguiente carta le tocó a Kiara. Era un “Reto”: —“Quedate en ropa interior y perreá sobre la mesa.” Dardo la miró, murmurando un “no se te vaya a ocurrir”. Ella sonrió, como aceptando el reto, se sacó los jeans despacio y quedó en culote negro. Se subió a la mesa sin que nadie tuviera que insistir, apoyó las manos y empezó a mover la cadera al ritmo del silencio expectante. Gritos, chiflidos, vasos levantados. Dardo quería morirse, pero Felipe ya estaba filmando con el celular. —¡Pará, enfermo! —le gritó Dardo, mientras todos se mataban de risa. Agustina agarró la siguiente carta: —“Confesar a qué profe te cogerías.” Ella no dudó: — ¿Sigue dando clases Salvatierra? Esa estaba buenísima, nos calentaba hasta a las minas. Las chicas gritaron y Valen aplaudió. Nacho sacó carta de “Reto”: —“Te vendan los ojos y tenés que descubrir quién es el que te chapa.” Fácil, si tiene aliento a verga es Flor. Entre gritos, le ataron un pañuelo en los ojos y lo sentaron en medio del living. La primera en acercarse fue Vanina, que le estampó un beso corto en la boca. —Mmm… labio fino, debe ser Juli… Ojalá sea Juli… Todos se cagaron de risa. Después se sumó de sorpresa Carolina, la mamá de Flor, que le dio un beso largo, con mordida en el labio incluida. Nacho se sacó la venda desesperado. —¡Eh! ¡Eso no fue Juli! —gritó, y el grupo explotó. Cuando le tocó a Carolina, le salió “Verdad”: —“Quién de la mesa tiene más cara de puto/puta.” Ella miró alrededor y sin pestañear dijo: —Mi hija, obvio. Flor levantó el vaso, fingiendo orgullo pero internamente muerta de vergüenza. —Gracias, má. Lo aprendí de la mejor. Lola, que estaba reclinada contra la pared, quiso zafar, pero su carta fue “Reto”: —“Mostrá la tanga/el bulto.” Ella bufó, pero se levantó el vestido un segundo mostrando una tanguita roja que se perdía entre sus nalgas pálidas. Los gritos fueron inmediatos y Lucas casi se atraganta de la sorpresa. —Listo, ¿contentos? —dijo Lola, volviendo a su celular. Le tocó a Candela. Ella sacó “Verdad”: —“Si mañana te despertaras siendo 100% lesbiana, ¿con quién tendrías tu primera experiencia?” Candela sonrió, riendo: —No necesito esperar a mañana. Y sería con Mili. El living estalló en gritos y carcajadas. Mili se levantó del sillón, caminó hasta ella y le dio un beso rápido en la boca. —Chequeado —dijo, sentándose de nuevo como si nada. La última de la ronda fue Yolanda. Le tocó “Reto”: —“Elegí a alguien de la mesa y juntos, le tiran un chupito en alguna parte del cuerpo a un compañero para tomarlo de ahí.” Ella se acomodó el vestido y eligió a Flor como cómplice. Entre risas, decidieron volcar ron en el abdomen de Felipe, que terminó tirado en el sillón mientras ambas se inclinaban a tomarlo directo de su piel. El grupo estaba fuera de sí, enloquecido, y faltaban los retos más duros. La siguiente fue Manuela. Le tocó “Verdad”: —“Con qué profe filmarías una porno, y con qué compañera.” Male sonrió, tranquila, como si hasta para eso estuviera preparada. —Con la profe de gimnasia seguro, porque tiene cuerpo de atleta… y de compañera, con Morena. Todos gritaron y More levantó las cejas, sorprendida pero halagada. Tomi se quedó medio duro al lado de Male, pero trató de reírse. Después fue turno de Tomi. Su carta decía: —“Reto: intercambio de boxers/corpiños entre dos.” Florencia aplaudió como una loca. Felipe, que ya estaba medio entonado, se paró en el medio con los brazos abiertos como diciendo “qué me importa”. Tomi se agarraba la cabeza, pero el grupo lo empujó. En segundos, quedaron los dos enfrentados, rodeados por una ronda de espectadores sedientos de quilombo. —Bueno, pero de espaldas —intentó negociar Tomi. —¡De espaldas las pelotas! —se le rió Dardo—. Si no, no vale. Felipe no dudó: se bajó el jean hasta los tobillos de un tirón, quedando en boxer negro ajustado. El living se vino abajo de gritos y silbidos. Tomi, resignado, empezó a hacer lo mismo, más lento, como quien firma su sentencia. Su boxer gris, ya medio flojo, apareció entre aplausos. —¡Ahora cambien! —chilló Vanina, golpeando la mesa. Y ahí vino la parte más absurda: los dos se sacaron los boxers al mismo tiempo, quedando en culo frente a todos, intentando cubrirse con las manos. Flor filmaba muerta de risa mientras gritaba: —¡Esto es historia, chicos! Felipe le tiró su boxer en la cara a Tomi, que se lo puso torcido de los nervios. Tomi le tiró el suyo de vuelta y Felipe, sin ponerse colorado, se lo subió como si nada. El grupo no podía más: algunos lloraban de la risa, otros los abucheaban para que se dieran vuelta y mostraran bien. Al final, ambos quedaron vestidos otra vez, aunque intercambiados, respirando aliviados. —Listo, ya está —dijo Tomi, rojo como un tomate. —No, pará… —dijo Felipe, estirando la cintura del boxer nuevo—. Esto huele raro… Milagros agarró su carta: “Verdad”. —“Con cuántas personas cogiste a la vez?.” Ella levantó la cabeza con orgullo y verguenza por igual. —Tres. Y me quedé corta. Los gritos no se hicieron esperar. Juli se tapó la cara, y Flor gritó: —¡Sabía que eras mi ídola, boluda! Agostina, la chica nueva, se puso colorada al sacar su carta. Era “Reto”: —“Te vendan los ojos y tenés que descubrir quién es el que te chapa.” Con un nudo en la garganta, se dejó vendar. El primero fue un beso rápido de Dardo. Después, alguien más se animó: Yolanda, con un beso largo, húmedo, que la dejó tambaleando. Agostina se sacó la venda roja como un tomate. —Fue… fue Male. El grupo estalló en carcajadas. Yolanda levantó el brazo, orgullosa de haberla engañado. Dardo sacó carta y se puso blanco: “Verdad”. —“¿Hiciste una orgía? ¿Con quién?” Todos lo miraron expectantes. —No… todavía —murmuró. Valen gritó: —¡Todavía, dice! Ya te vamos a estrenar… Agustín agarró su carta y le tocó “Reto”: —“Pasá toda la ronda de retos sentado en las piernas de alguien.” Antes de que pudiera reaccionar, More lo agarró y lo sentó encima de ella. —Listo, ya está ocupado. Todos rieron, aunque Agus secretamente deseó que hubiera sido otra. El último fue Lucas. Y no podía ser otro que él. Su carta decía: —“Hacete una paja delante de los demás.” Un silencio pesado inundó el living, seguido de una carcajada colectiva. —¡Dale, virgo, es tu momento! —gritó Felipe. Lucas se puso rojo como un tomate. —Yo… no sé… Flor lo empujó hacia el centro. —Si no lo hacés, sos puto. El grupo lo rodeó a los gritos, y Lucas, nervioso, se bajó apenas el cierre. El living entero se convirtió en un coro de risas, gritos y celulares levantados para filmar. El living de Yolanda ya era un campo de batalla: vasos volcados en la mesa ratona, un corpiño olvidado en el sillón, los parlantes reventando con reguetón y todos bailando como si fueran las cinco de la mañana y no las 11 de la noche. Flor y Mili se perreaban la una a la otra como si compitieran por un premio, mientras Nacho les tiraba billetes de mentira que había sacado de vaya a saber dónde. Lucas, fiel a su estilo, hacía como que bailaba pero con los ojos fijos en cada culo que pasaba frente a él. Dardo, incómodo, se dejaba arrastrar por Vanina, que lo movía de un lado a otro como si fuera un juguete. Junto a ellos la otra pareja, Agus y More, que bailaban pegados como si fuera un lento de los 90. — Apretao no se baila cumbia — rió Yolanda separándolos y sacando a bailar a More, que le perreaba con gracia a la centroamericana para el deleite de su novio. Carolina, en el patio, fumaba observando la situación como una cazadora al acecho. Kiara le hacía compañía, más por tener alguien con quién charlar que porque le cayera bien Caro. Agustina se movía con gracia y sensualidad, sola en un rincón, sintiéndose deseada y observada. Cande intentaba sacarle charla a Lola, que la evadía como si fuera un virgo más del grupo. Juli, mientras tanto, solo tomaba sentada en una silla, custodiando a los demás como una madre. Entre todo ese quilombo, Manu y Tomi se apartaban de a poquito. Primero eran roces, un beso robado entre risas, y después una cadena de chapes cada vez más largos, más húmedos, hasta que alguien los descubrió: —¡Vayan a un telo o inviten, wacho! — Bromeó Nacho mientras sacaba a bailar a Juli a fuerza de insistencia y chistes malos. Los dos se rieron, pero no pararon. Se agarraron de la mano, y Tomi le susurró algo al oído. Manu lo miró con esa sonrisa de “ya fue” y lo tironeó hacia el pasillo. Del otro lado del living, Felipe bailaba como siempre, chamuyando a todas al mismo tiempo, pero esta vez la presa lo cazó a él. Yolanda, sin pensarlo ni un segundo, lo tomó de la muñeca. —Tú te vienes conmigo. —¿Con vos? —se hizo el sorprendido, aunque ya se estaba relamiendo. —Sí, conmigo… Vamos, que me aburren los chicos que hablan mucho y hacen poco. El grupo explotó en gritos y silbidos, pero Yolanda ni los registró. Tiró de Felipe con fuerza y lo sacó de la pista improvisada, arrastrándolo con la misma autoridad con la que sacaría un perro callejero de la vereda. En menos de un minuto, dos parejas se habían desvanecido en el pasillo: Manu con Tomi, Yolanda con Felipe, hacia el cuarto de la dueña de casa. *LA SIGUIENTE ESCENA ESTÁ BLOQUEADA | VALOR: 1 PUNTO PARA OBTENER PUNTOS, PARTICIPA DE LAS DINÁMICAS INTERACTIVAS EN TELEGRAM PARA DESBLOQUEAR LA ESCENA, MANDAME UN MD A TELEGRAM*
Los cuatro volvieron al living como si nada. Manu y Tomi despeinados pero sonrientes, Felipe con la remera torcida y una cara de feliz cumpleaños terrible, y Yolanda impecable, como si hubiera pasado nada.
—¿Y estos? —preguntó Mili, levantando la ceja.
—Fueron a buscar hielo… —dijo Yolanda, encendiendo un cigarrillo.
El grupo explotó en carcajadas. Nadie creyó la excusa, pero nadie insistió: el ambiente ya estaba demasiado prendido como para perder tiempo en chicanas.
La previa había sido un quilombo, pero el boliche era otra liga. Una masa de cuerpos apretados, luces de colores, el bajo retumbando en el pecho. Los pibes entraron como si fueran dueños del lugar: un grupo de salvajes con la energía al palo, listos para reventar la pista. Felipe iba adelante, saludando a medio mundo como si fuera candidato a intendente. Flor y Mili se pegaron a un parlante apenas arrancó el rkt. Nacho ya tenía dos tragos en la mano antes de llegar a la barra. Dardo, arrastrado por Vanina como perro chiquito, miraba todo como si hubiera entrado a otra dimensión. El resto se repartió entre pista y barra, cada uno buscando su propia aventura. Esa noche todavía tenía capítulos ocultos que ninguno se imaginaba.
Al lado del parlante, Flor se agachaba hasta el piso mientras Milagros la agarraba de la cintura y la levantaba perreando con descaro. Los celulares las filmaban, y a ellas les encantaba.
— Me vas a romper la tanga, nena —le gritó Flor al oído.
— Te la rompo si querés —contestó Mili , mordiéndole el cuello.
Las dos se dieron un beso largo, húmedo, lengua con lengua, con la gente alrededor gritando como si fuera un gol.
Mientras tanto, en un rinconcito, Manu y Tomi bailaban pegados. Tomi le rozaba la entrepierna con la rodilla, Manu se mordía el labio y le hablaba en el oído:
— No pares… así, más fuerte.
El beso que se dieron fue tan largo que los amigos empezaron a aplaudir alrededor. Manu le agarraba la mano y la llevaba despacio hacia su cadera. Tomi en cambio bajaba la mano de ella hacia su bulto. Estaban en un trance del que nadie los podía sacar.
En medio de la pista, Agostina frenó a Lucas, le agarró la cara y lo chapó de sorpresa, con la lengua hasta el fondo. Cuando lo soltó, él quedó atontado, y ella se giró a Lola:
—Viste? Tu hermano no es tan pajero como crees...
Los gritos no tardaron en llegar. Agos siguió desparramando besos a diestra y siniestra para sorpresa de todos, particularmente de sus amigos.
En el rincón, que a estas alturas ya era villa cariño, More y Agus también chapaban, pegados a la misma pared que Manu y Tomi.
—No mires más a las otras putas, Agustín. Estás conmigo ahora...
—Yo no miré nada —respondió él, con la mano en su cintura.
Candela, ya borracha, empujó a su prima contra una columna del boliche.
—Vos decís que no, pero tenés ganas.
Juli sonrojada, apenas contestó:
—Callate, loca.
Candela le agarró la cara y la besó ahí mismo, sin pedir permiso. Juli al principio se puso rígida, pero al segundo se entregó, con los brazos alrededor del cuello de su prima.
Felipe y Agustina bailaban pegados, no por deseo sino por obligación. Felipe le estaba contando con lujo de detalles lo que le había hecho a Yolanda en el dormitorio, y Agustina lo escuchaba imaginando cada situación
—Y cuando acabaste qué hiciste?
—Nada, nos fuimos. Teníamos que venir acá...
—Qué cortamambo que sos... justo cuando se ponía interesante — rió Agus besando la frente de su primo y separándose, saliendo de cacería por el boliche.
Kiara, Carolina y Yolanda miraban todo desde un sector alejado del escándalo, cerca de la puerta. Más de uno intentó pasarse de vivo con ellas, pero el rol de "adultas responsables" era innegociable. Ya tendrían oportunidad de sacarse la calentura de alguna forma.
En el baño de varones, en cambio, se veía una situación diferente. Dardo y Nacho, apoyados contra la pared de uno de los cubículos, pantalones y boxers por la rodilla. Vanina, entre medio de ambos, se divertía con un pete doble. Se metía hasta el fondo la pija de su novio mientras pajeaba la de Nacho, después le tocaba a su amigo la garganta profunda mientras Dardo recibía placer por parte de sus manos. Así habían estado hace un rato largo ya, hasta que Nacho suspiró densamente: —Vani, necesito acabar, me duelen las bolas ya
—Acaben los dos, tienen que disfrutar la noche, no solo de mí — rió Vanina tomando una pija con cada mano y pajeando ambas, con firmeza y ritmo fuerte
Ambos amigos se vinieron al mismo tiempo, llenando la cara de la escort de semen. Tras el orgasmo, ella tomó un poco de papel higiénico mientras los dos varones chocaban los 5.
—Ey...No le cuentes a Marisol de esto — le dijo Nacho a Dardo, como si la imágen de su novia lo atormentara
—Tranquilo bro, para algo estamos los amigos — lo tranquilizó Dardo, con una palmadita en el hombro y una sonrisa confianzuda. Los muchachos salieron a terminar la noche bailando, ya aliviados de su tensión sexual.
Y de a poco, entre besos y baile, salió el sol. El DJ bajó suavemente la música indicando a todos los estudiantes que era hora de irse.
Marchando por la calle con el sol de frente, el grupo entero decidió sacarse una foto para inmortalizar el momento. Se abrazaron, rieron, bromearon, y tambaleándose llegaron hasta el Instituto.
La caravana entró por portón del colegio como si marcharan a la guerra. Bengalas, silbatos, incluso un bombo. La "promo" estaba lista para empezar el último año de clase y querían marcar la diferencia, ser la mejor promoción de la historia.
En el patio, las banderas de ceremonias ya estaban listas. Las profesoras los miraban con cara de querer renunciar. Los alumnos de los cursos más chicos los observaban con una mezcla de fascinación y asco.
Flor y Morena intentaban peinarse mutuamente frente al reflejo de una ventana. Tomi le acomodaba la pollera a Manu, mientras Milagros disimulaba el pedo sosteniéndose de una columna. Dardo se tomaba una botella de 2 litros de agua como si viniera de correr una maratón, mientras Nacho lo sostenía del brazo, y Juli saludaba a los profes como si nada, con su chupamediez usual.
La vicedirectora, Roxana Funes, caminaba por el patio con el listado de asistencia en la mano, fingiendo calma, aunque su mirada ya medía resacas y detectaba culpas. Tenía un estilo práctico y sobrio, aunque ese escote sutil despertaba suspiros de primero a sexto año.
—Buen día… —dijo con esa voz dulce—. Espero que hayan dormido bien.
El murmullo fue general.
—Dormir, dice —susurró Felipe, con media sonrisa.
El murmullo se apagó cuando apareció Ernestina Villalba, la directora. La bruja malvada la llamaban los más chicos. La vieja hija de puta, preferían los mayores.
Se había vestido como si el acto de colación fuera hoy mismo, con un vestido que posíblemente costara lo mismo que todo un año de cuota. Llevaba gafas oscuras, café en mano, y una energía demasiado imponente para esa hora. Su presencia imponía silencio, incluso entre los colgados del fondo. Caminó hasta el micrófono, se detuvo un segundo y los miró uno por uno, con una sonrisa que no prometía nada bueno.
—Queridos alumnos… —empezó, con una calma inquietante—. Bienvenidos a un nuevo año en el Instituto Nacional de Enseñanza Superior San Jerónimo.
Pausa.
Silencio total.
—Este año, más que nunca, vamos a recalcar la importancia del orden, el compromiso y la responsabilidad.
Otra pausa. Su voz sonaba casi amable.
—Y sobre todo… el respeto y el cuidado...
Un murmullo recorrió el patio. Algunos bajaron la vista, otros se miraron intentando aguantar la risa.
Ernestina acercó un poco más los labios al micrófono y miró a la promo, los que estaban adelante de todo. Desvió un poco su vista, para que la mirada reprochante alcance también a Juli, que estaba portando la bandera de ceremonias.
—Porque sé perfectamente lo que hicieron anoche...
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