La calle empedrada estaba iluminada únicamente por una única farola. Una casa pintada con colores chillones resaltaba entre el resto. Dentro, música de salsa y merengue brotaba por las ventanas. Afuera, en la calle, un Lexus se detenía enfrente y de él bajaban dos jóvenes, un hombre y una mujer. Los primeros en caer fueron Felipe y Agustina. Él, con una sonrisa confiada y dos botellas en una bolsa de nylon; ella con un top ajustado y cara pícara, como quien sabe que va a divertirse. Apenas entraron, Yolanda les dio un abrazo apretado, perfume dulce y carcajada incluida. — ¡Al fin llegan, hijueputas! — Rió la centroamericana, hundiendo a ambos entre la maraña negra de su pelo. La morocha estaba vestida muy “de entrecasa”, con un body que dejaba muy poco a la imaginación. Detrás de ella, como siempre, la barra repleta de todo el alcohol que un pendejo fiestero podría pedir. Con un movimiento rápido sacó un vaso de abajo de la barra, logrando que los rulos cubrieran esas...
Av. Independencia y La Rioja, Buenos Aires 24 de agosto, 11:15 hs. El día de Bruno venía transcurriendo con normalidad, hasta que una historia le cambió el ánimo. Él juraba no ser celoso, y mucho menos con mujeres que no conocía personalmente; pero lo que le sucedía con Julieta Pink era algo que iba más allá de la pura calentura. Una historia de Juli con su marido le hizo revolver todo su interior, sintiendo que era él quien podría estar en ese lugar. Estaba metido en sus pensamientos cuando una voz conocida lo hizo caer de nuevo a tierra. MENGES: ¿Díaz? ¿Bruno Díaz? DIAZ: ¿Menges? No te veo desde la secundaria boludo, estás igual. MENGES: Lo mismo digo. No cambiaste nada, la misma cara melancólica. DIAZ: No siempre estoy así, es solo que... Nada, no lo entenderías. MENGES: ¿Es un tema de minas? DIAZ: Algo así... No es una mina que yo pueda tener, es algo más... Idílico. MENGES: ¿Sabés algo? Yo estaba en la misma situación que vos hasta hace unos días. Ahora soy... Otra persona. ...